STEINIANA

REVISTA DE ESTUDIOS
INTERDISCIPLINARIOS
ISSN 0719-8728

2018 / Nº2 / VOL.II

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Anneliese Meis no es carmelita como lo fue Edith, sino que es misionera, Sierva del Espíritu Santo. Esto último, da luces para comprender el porqué de esta obra centrada en la búsqueda constante de los rastros del Espíritu Divino en la creación, especialmente en la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios. Y como misionera, esta búsqueda de los rastros del Amado debe tener resonancias prácticas que se configuren en una antropología teológica dadora de respuestas a las inquietudes del hombre hodierno.

Para la autora, el sentimiento es el que puede dar esas respuestas vinculantes para acercarse a una antropología vista “desde abajo” y “desde arriba”, ya que este “se configura desde la sensibilidad en cuanto campo intermediario, fronterizo, entre lo material y lo espiritual” (p. 21).

Las vías de la analogía serán útiles para llegar a descubrir aspectos nuevos del Espíritu Infinitio y del espíritu finito en el corpus steiniano. De esta manera, la hermana Anneliese se propone encontrar una relación entre el sentimiento y el Espíritu Santo, específicamente en el modo en que ambos se configuran como nexo. El primero entre el espíritu y el cuerpo del hombre, y el Segundo entre el Padre y el Hijo.

Como ya es común en la rigurosa metodología de la autora, para lograr su objetivo se propone una pregunta metódica que la guiará en el estudio de las obras principales de Edith Stein: ¿En qué medida el ser humano en cuanto espíritu finito en el mundo es anticipado por el Espíritu Infinito, de modo que a partir del infinito se entrevé el finito a través del sentimiento? (p. 347)

Difícil pregunta. Y para responderla con propiedad, la autora hace un análisis histórico-crítico en búsqueda de “los conceptos de mayor alcance filosófico” (p. 62) que le sean útiles para llegar a buen puerto en su investigación. Metodológicamente, y no sin una intención teológica más profunda, divide en tres grandes ejes las obras escogidas del corpus steiniano donde realizará su investigación (obras tempranas filosóficas, las de carácter antropológico-teológico y las ontológico-místicas), dando origen así a los tres capítulos del libro.

El primero se centra en el sentimiento y su relevancia en las obras tempranas (Sobre el problema de la empatía (SPE), Naturaleza, libertad y gracia (NLG), Introducción a la filosofía (IF) y Acto y potencia (AP)). Obras de marcado pensamiento filosófico e influenciadas por la “fenomenología temprana” (p. 65). Primeramente, en SPE, el sentimiento, a través del ejemplo de la alegría, emerge “como una dimensión connatural del espíritu humano-animal, orientado por lo otro -el otro-, orientación concretada a través de la empatía” (p. 66). Si bien que Edith en esta obra sea cuidadosa en afirmar que el individuo “sienta” los “sentimientos ajenos”, deja abierta la posibilidad de que “sienta” un fundamento trascendente (p. 81). En el caso de NLG, el sentimiento se vincula más bien al termino “notar” (Spüren)­­, que expresa una afectividad presente en el ser humano que es espíritu (p. 83). “Este vocablo, a diferencia del “sentir”, más bien volcado al sujeto que siente, atestigua, constitutivamente, la presencia del “otro”, hasta del “Otro”, quien abre la perspectiva desde otros horizontes, es decir, “desde arriba”, pero afectando de todos modos al sujeto” (p. 83). IF fue escrita antes de su conversión y el sentimiento es analizado desde los problemas más acuciantes de la filosofía contemporánea (p. 93). El aporte que la hermanan Anneliese toma de esta obra es precisamente la proyección axiológica del sentimiento que Edith descubre a partir del diálogo entre la filosofía tomista y la filosofía husserliana. Finalmente, en AP el sentimiento nace desde el estudio de la sensibilidad, deteniéndose especialmente en el término alemán Gemüt, entendido como “fondo del alma” (p. 123), tornándose en un campo intermedio entre el cuerpo y el espíritu.

El segundo capítulo versa sobre los fundamentos antropológico-teológicos del sentimiento en las obras Causalidad Psíquica (CP), Individuo y comunidad (IC), La estructura de la persona humana (EP) y La Mujer (M). En ellas, la filósofa alemana se adentra más notoriamente en la interioridad humana (p.133) e “interrelaciona el sentimiento con la pregunta fundamental por la causalidad” (p. 215). Si bien que Edith publicó CP e IC al mismo tiempo a partir de un criterio fundamentado en la distinción dual -pero sin separación de psique y espíritu, individualidad y comunidad- la autora prefirió hacer un análisis por separado de las obras para captar metodológicamente con mayor profundidad los rastros de su búsqueda. En CP, desde el diálogo con la psicología, y en un contexto biográfico más cercano a la conversión, en donde Edith da cuenta de una primera experiencia “mística” (p.135), “la comprensión del sentimiento emerge de la doctrina acerca de la constitución de los objetos en la conciencia” (p.135). En esta obra la filósofa alemana hace notar la importancia de los “‘sentimientos vitales’, que se comprenden como un ‘encontrarse’, proveniente de ‘la corriente de la vida’, desde la cual emergen dichos sentimientos” (p.136). En el caso de IC el sentimiento se configura como nexo entre el yo y el otro. A partir del estudio de la pisque, Edith da un salto ad extra con el análisis del “contagio” del estado de ánimo a la comunidad, encontrando un nexo entre “contagio” y la fundamentación del sentimiento desde los actos del ánimo, del Gemüt (p. 156). En el caso de EP, Edith distingue el sentimiento humano con respecto a lo vegetativo y animal, dándole énfasis a la autoconciencia libre y dinámica, que le es propia al hombre por ser imagen de Dios, permitiéndole conocer, querer y sentir (p. 194). Y en M (recopilación de conferencias entre 1928 y 1932), Edith Stein centra la concreción del sentimiento a través de la especificidad de la mujer (p.195), especialmente desde el término Gemüt, que como “alma del alma” encuentra “su expresión más lograda en la mujer” (p. 197).

En el tercer y último capítulo, la autora se centra en la comprensión ontológico-teológica del sentimiento y su misterio. Partiendo de la obra ontológica Ser finito y ser eterno (SFE), y las místicas, Catillo Interior (CI) y Ciencia de la cruz (CC), el sentimiento adquiere una dimensión distinta, “más profunda y definitiva” (p. 217). En el caso de SFE, desde la concreción de la alegría (al igual que en SPE), Edith Stein analiza la “constitución del fenómeno sentimiento, en cuanto dimensión fundante y comprensible desde su arquetipo trinitario siempre en despliegue” (p. 218). Por ser esta una obra que aporta mucho a la hipótesis de la investigación, la autora se detiene con mayor tiempo y analiza con minuciosidad la constitución ontológico-teológica del sentimiento, principalmente en lo que se refiere a este “despliegue trinitario” (p. 244) y a su nexo misterioso con “la memoria, el alma y el cuerpo vivo” (p. 274). Cabe destacar, que en general la hermana Anneliese siempre va en rastro de los hallazgos que en Edith tengan un aspecto trinitario y, siendo fiel a su búsqueda vital, también a los rasgos de dinamicidad, propios de la acción del Espíritu Santo. En la pequeña obra CI, el sentimiento adquiere una “profunda rearticulación mística” (p. 294) que adquiere una “dimensión abismal” (p. 295) cuando se adentra en la última obra de Edith, CC. En ella, junto al místico español, Juan de la Cruz, comprende el sentimiento desde la Sagrada Escritura, y la dimensión trinitaria descubierta en las obras anteriores “culmina en una concreción cristológica ‘de la cruz’” (p. 296). Además, en esta última obra, el sentimiento adquiere una total profundidad “a la luz del ‘nuevo’ concepto del espíritu, que va emergiendo del cuerpo vivo purificado y plenificado por su configuración con Cristo muerto y resucitado, plenitud que se proyecta desde la vida presente a la gloria” (p. 243).

Si bien la profundidad de los descubrimientos y la complejidad del pensamiento de Edith Stein a veces hace la lectura ardua, el orden y la metodología pedagógica de la autora, que constantemente realiza síntesis de sus hallazgos al finalizar todos los capítulos, permiten al lector no zozobrar a mitad de camino.

En conclusión, la autora después de un riguroso método consigue expresar, en un claro y profundo lenguaje teológico, el recorrido ascendente en torno al sentimiento, que Edith Stein realizó desde la fenomenología como punto de partida, hasta llegar al lenguaje místico de sus últimos escritos. Cuando en las últimas páginas del libro el lector se enfrenta a la afirmación de que “el Espíritu Santo es la condición de posibilidad última del sentimiento en cuanto nexo misterioso entre el espíritu y el cuerpo vivo (SFE), llevando dicho nexo a plenitud inaudita en ‘el sentimiento de gloria -CC’” (p. 349), puede comprobar que el estudio de la hermana Anneliese llegó a buen puerto, pudiendo responder satisfactoriamente a su pregunta metódica y de esta manera llegar a la verificación de la hipótesis planteada al inicio de su investigación.