STEINIANA

REVISTA DE ESTUDIOS
INTERDISCIPLINARIOS
ISSN 0719-8728

2017 / Nº 1 / VOL. I

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RECENSIÓN

Autor: Pamela Chávez.

Atisbos cristológicos en la obra de Edith Stein Ciencia de la Cruz. Desde la empatía como clave de acceso[1], constituye un trabajo loable en la profundización de un aspecto poco explorado en el pensamiento de la fenomenóloga alemana Edith Stein (1891-1942) como es su mirada cristológica. Su autora, la teóloga chilena María Paz Díaz[2], proporciona una investigación de alto nivel sobre Edith Stein, pensadora contemporánea escasamente estudiada en el medio nacional, con algunas excepciones, como el trabajo que ha venido haciendo desde hace varios años en forma sostenida y fecunda el grupo de investigación y ahora Centro de Estudios Interdisciplinarios Edith Stein de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


La autora se adentra en Ciencia de la Cruz, obra de madurez y la última escrita por Edith Stein, entre 1940 y 1942, a la búsqueda de “atisbos cristológicos” subyacentes. Prepara el camino con una introducción que explica la relación de la filósofa con el pensamiento de Edmund Husserl, Tomás de Aquino y Juan de la Cruz, a la vez que su relación con la Sagrada Escritura y el magisterio católico. La autora destaca el diálogo que Edith Stein establece entre Husserl y Tomás de Aquino y su idea de la filosofía como indagación del logos, que la evidencian como una pensadora con una extraordinaria apertura a la interconexión, relación y ampliación permanente “ante la pregunta y la comprensión de la Verdad” (p. 65).

Con una iluminadora intuición metodológica, María Paz Díaz piensa el camino de pensamiento trazado por Edith Stein en base a tres aspectos. Primeramente, la relevancia de comprender la vida expresada en escritos autobiográficos y epistolares en estrecha conexión con la obra, cuya realización se entiende, así, como una “necesidad vital” (p. 27); en segundo lugar, la distinción de tres “niveles” mutuamente entrelazados en la forma de tratar los problemas de la fenomenóloga, como son el filosófico, el teológico y el místico; finalmente, la comprensión del fenómeno de la empatía como eje articulador tanto del desarrollo diacrónico de su pensamiento como del modo de aproximarse a la persona de Cristo.

Esta perspectiva metodológica responde a un modo propio de entender las relaciones entre el ser, conocimiento y verdad que es una de las cuestiones más profundas y complejas del pensamiento steiniano. La verdad es una –dice Edith Stein en la introducción a su obra Ser finito y ser eterno– pero se da para nosotros en una serie sucesiva e inacabada de aproximaciones descubridoras, tanto en la experiencia personal como en la de la humanidad colectiva. Por eso, el descubrimiento de la verdad no es sino un camino de apertura vital, intelectiva y afectiva a los diversos estratos de lo real, distinguibles pero interconectados, que integra de modo maravilloso el ser individual de la persona, la relación con otros y la conexión con todas las creaturas; la corporalidad y la vida psíquica y espiritual del ser humano; el entender filosófico, científico y teológico; la captación intelectual y la unión amorosa de la experiencia mística; la profundización tanto en el develamiento del ser por el entendimiento como en la proximidad relacional entre el fondo personal y otros seres espirituales y Dios. Para este camino, el ser humano ha sido provisto de un instrumento inapreciable como es la empatía, entendida como experiencia de otras personas y sus vivencias.
Es aquí donde la teóloga María Paz Díaz sitúa el eje del pensamiento steiniano y un camino de acceso a su cristología. La paulatina compenetración con los sentimientos de Cristo llevada a la hondura máxima de la disposición paulina a ser crucificado o a reconocerse a sí mismo como aquel en quien Cristo vive (Gal 2, 19-20), muestra que la dimensión más profunda del ser humano o su realidad total sólo se ilumina verdaderamente en su relación con Cristo. La encarnación, pasión y cruz, muerte y resurrección, el ser-para-otro y la estructura hipostática del Hijo son para la persona humana anticipación de su propio ser y camino, expresión visible de su arquetipo psicofísico y espiritual (pp. 85ss.).

Pero la comprensión empática del misterio del Hijo de Dios, cuya puerta es la fe (p. 84), no sólo completa el conocimiento que el ser humano puede tener de sí mismo y su fin, sino que transfigura el mismo carácter y sentido del conocer. La búsqueda del logos se transforma en las vicisitudes del encuentro con una Persona a la vez oculta y resplandeciente, en quien encuentra la plenitud de su ser y su paz simbolizada en el gesto de quien puede reclinar la cabeza en otro (p. 63). La ciencia misma se transforma en experiencia real, operativa, vivida; el entender queda subsumido en la unión con el amor divino, haciéndose patente una dimensión más profunda de conocimiento y sabiduría, experimentada como amor en el centro del alma.

En la sabiduría mística así entendida cobra sentido la ciencia de la cruz, cuya pedagogía está constituida por los movimientos descendentes y ascendentes de Cristo, su abajamiento, elevación y unión. Cada ser humano podrá así reconocerse como abandonado del Padre en la cruz –cruz que forma parte de la realidad existencial humana finita– y, a la vez, como hijo amado del Padre y amante fraterno de los hombres y mujeres de todos los tiempos, llamado al amor de unión y entrega de sí hasta el extremo. La realidad hipostática de Cristo y la experiencia de la empatía, llevan al ser humano a una verdad más honda respecto de sí mismo, su ser individual y relacional, su fin trascendente.

La obra culmina con las propias palabras de Edith Stein, quien concibe su obra Ciencia de la Cruz como un intento de pensar y expresar la verdad unitaria de una vida y su obra, plasmando en ella “lo que la autora cree haber comprendido de las leyes del ser y de la vida espiritual a lo largo de los esfuerzos realizados durante su vida”[3]. A través de estas páginas, la teóloga María Paz Díaz invita al lector a transitar a la vez por el pensamiento de Edith Stein, por el testimonio de san Juan de la Cruz y por el misterio de la persona de Cristo, Hijo de Dios crucificado y vivo, como iluminación de su propio ser y su destino.

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[1] Editorial Académica Española, 2015.

[2] La Profesora María Paz Díaz es Doctora en Teología, Coordinadora General del Centro de Estudios Interdisciplinarios en Edith Stein y docente de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

[3] E. STEIN, Ciencia de la Cruz, OC V [Montecarmelo; Burgos 2004] 202.